En este 2012 los organizadores del
Electronic Game Show prometieron que regresaría a sus orígenes, y lo cumplieron sólo parcialmente. Por que sí, regresó al recinto que lo vio nacer (World Trade Center, D.F.), pero
no regresó al mismo nivel que tenía en sus primeras ediciones, sino que retrocedió.
La primera vez que fui a un EGS me la pasé impresionado todo el tiempo. Jamás imaginé que pudiera haber un evento dedicado 100% a los videojuegos en mi ciudad (aunque en aquella primera edición hubo uno que otro “colado” que fue bienvenido, porque creyó en el evento, y gracias a ellos creció). Además de jugar mucho, me encontraba rodeado de gente con mis mismos intereses y eso me emocionaba mucho.
En el EGS conocí a mis mejores amigos, gracias a él obtuve mi primer trabajo profesional, aprendí mucho sobre mi carrera y pasé buenos momentos con mis familiares. Yo, como muchas otras personas,
le tengo mucho cariño al evento.
De aquellas primeras ediciones queda el recuerdo del ruido, la música, las bellezas, los “goodies”, las exclusivas, las firmas, las entrevistas, los flashes, los stands gigantes, la fiesta, las botargas, las vendimias, las playeras, los apretujones, las familias…
Pero lo que me encontré en el “EGS Fest” fue muy diferente: llegué a eso de la 1 PM del sábado (el día y el horario más fuerte en otros años, según yo), ninguna fila (ni a la entrada), ningún apretujón. Nada. Y oscuridad, mucha oscuridad (en todos los sentidos).
Inmediatamente al entrar, del lado izquierdo, vi un gran espacio dedicado a un stand que ya no se montó, o "espacio libre", cuya entrada fue tapada muy improvisada y precariamente (por decirlo de alguna forma) con un logo gigante que decía “EGS FEST”.
Y al entrar, nada. Espacios vacíos, oscuridad, muy poco ruido.
Stands oscuros e improvisados: unos a medio pintar, otros con la madera y las tablas exhibidas, tablaroca blanca que delimitaba espacios discretamente, pantallas apagadas, alfombra ausente, estampas de Pac-man en el piso. Frío. Pero, sobre todo, oscuridad.
Y luego, las quejas: fraude, una palabra que oí mucho. La EGS Night, desangeladísima, incompleta, mocha, aburrida. El precio, excesivo para lo que fue. Pocos juegos nuevos. Muchos juegos que ya están en las salas de los asistentes, o en sus recámaras, que ya acabaron muchas veces.
¿El EGS Fest fue de verdad tan malo?
Las opiniones son muchas, pero debemos rescatar varias cosas. Si bien es evidente que no podemos comparar este evento con los anteriores, y que el precio fue muy alto para lo que fue, el EGS Fest demostró varias cosas:
- Que los fans seguirán siendo fans pase lo que pase.
- Que el que un fan deje de serlo del EGS no quiere decir que dejará de serlo de los videojuegos.
- Que existe voluntad por parte de las compañías más importantes para apoyar a la industria mexicana.
- Que la gran mayoría de la gente que asistió salió contenta por probar días antes títulos como Halo 4, God of War: Ascension y, por supuesto, los de Wii U (Nintendo tuvo el “stand” más abarrotado, seguido del de Halo 4).
Este último punto es de destacarse, ya que los mayores quejosos son los que ya habían asistido antes al EGS o que ya tenían los juegos exhibidos en su sala. Pero aquellos que asistían por primera vez al evento o que no tienen el poder adquisitivo para tener todos los juegos del piso de exhibición dieron buenos comentarios sobre el mismo.
¿Qué hacía este carro ahí?
Esto nos quiere decir que la industria en México sigue viva, y que la mala organización de un evento no es sinónimo de que está muriendo; al contrario, es sinónimo de que debemos seguir apoyando estos esfuerzos para fortalecerla y demostrar que queremos más, y que no importando los aspectos negativos, seguiremos al pie del cañón.
Dejar de apoyar a la industria en un país donde aún no está en los niveles deseados sería un error garrafal.
Lo anterior NO significa que debemos ser conformistas o callarnos ante las fallas, ya que la crítica constructiva también es una forma de demostrar el interés y el compromiso.
Lo que es evidente es que el Electronic Game Show y sus organizadores no supieron aprovechar
el gran momento de la industria en el mundo, tampoco supieron resurgir como el gran evento de videojuegos en México dado que los demás (Conexión y VCON) no fueron lo esperado o no se realizaron. Ya veremos el año que entra.
Desde el año pasado era evidente que el EGS necesitaba transformarse y evolucionar. Tristemente, este año pasó justo lo contrario, se está dejando morir, no por los asistentes, sino por los organizadores.
Haya sido por flojera de los organizadores o por problemas fuera de su control, es evidente que el EGS Fest fue un evento que dejó mucho qué desear.
Pero, ¿es necesario que haya “convenciones” así en México par que la industria florezca? Mi respuesta personal es sí, ya que éstas sirven para que las compañías se acerquen al público en un solo lugar y al mismo tiempo. Y es que todos sabemos que el público mexicano adopta a sus marcas, las “quiere” y se compromete con ellas. Así somos los mexicanos: “aguantamos vara”. Y la mejor forma de identificarnos con las marcas es este tipo de eventos.
Si bien tanto Nintendo, como Microsoft, Sony, Ubisoft, EA, SEGA, etc. hacen eventos aparte y tienen sus fans,
no hay nada como verlos competir por nuestra atención en un mismo evento y en un mismo lugar. Platicar con sus productores, directores, encargados de relaciones públicas, y hasta con las edecanes es algo que no podemos sustituir.
Por todo esto y más yo digo que estos eventos sí son necesarios en México. Ojalá que los veteranos no se dejen morir y que los nuevos aprendan de los errores de los veteranos.
Yo, por mi parte, como cada edición, el año que entra iré de nuevo al EGS (si es que hay…) y apoyaré a los nuevos eventos que vengan, por el bien de la industria. Pero tampoco dejaré de exhibir sus carencias, por la misma razón: el bien de la industria.