lunes, febrero 11, 2008

11000

La posibilidad del viaje a España pasó por muchas etapas. La mayoría de ellas de angustia.


No sé si fue una fortuna o una desgracia que más allá de salir a tomar un poco de aire, me sumergiera más y más en este universo de los burros sudorosos. Hoy digo que fue una bendición, pues no he parado de pensar. Pero sí, el viaje a España fue oxígeno, del puro, poco pero consistente, que me dio un poco más de vida.

A pesar de las circunstancias, tenía que hacerlo. Me decidí en el último momento, como buen mexicano, y le hice muchas veces honor a mi nacionalidad por aquellas tierras.

Mexicano tenía que ser.


Todo pasó tan rápido que me dediqué a disfrutar antes de dejar que me cayera el veinte. De hecho apenas me va cayendo mientras escribo esto y Los Innombrables cantan sus letras insensatas (no por mucho tiempo).


Durante el trayecto del aeropuerto a lo que fue mi hogar (en toda la extensión de la palabra) durante esa semana, no fijé la vista a través de la ventana del camión casi para nada. Eso fue un augurio bueno.


Y es que siempre miro por la ventana. Me callo, me pierdo, y hago como si quisiera grabarme cada centímetro del paisaje. Como una medida para reconocer el lugar en el que me encuentro.

Pero esta vez no fue así. Todo pasó rápido.

Fue mejor de lo que me había imaginado. La Intérprete me había dicho muchas cosas, cosas buenas y cosas malas. Las primeras fueron mayoría. Y no mintió.


También me enseñó fotos, me contó lo que haríamos, lo que recorreríamos, lo que comeríamos y casi casi vio de lo que íbamos a platicar.

Pero una vez allá no sé cuántas veces habré alzado la cabeza para ver más allá de lo que mi entendimiento me permitía. Seguro me quedé callado.


Los niños jugando con sus patinetas en la plaza fueron mi primer signo de familiaridad. Luego ya no fue tan necesario perderme en el infinito, sólo disfrutar....

Ese primer día caminamos. Siempre caminamos. Y al final mis pies me hicieron conocer un dolor tan extraño que lo sentí único, como ningún otro. Extraño pero deseable. Es de esos dolores que nos sacan sonrisas más que callos. De lo físico a lo sentimental.


Y de pronto ahí estaba, la verdadera. Me recordó los tiempos universitarios en los que no estaba en mis planes ir a conocerla. Pero por ahí pasaba y la veía. Tal vez más pequeña, pero igual me trae muy buenos recuerdos. Ahora mismo me acuerdo de los vasos de café con la ex novia. Pero ambas son diferentes y ahora me traen diferentes recuerdos, aunque una sea clon de la otra.


Ese día el lugar de las bombas parecía tranquilo. Fueron golpes directos en el corazón de la ciudad y eso me sorprendió porque no me lo había imaginado. Pero por dentro, Atocha es más cálida y ajetreada.


En el Reina Sofía, me reencontré con una de mis grandes pasiones: el surrealismo. Y fue una agradable sorpresa, tanto como llegar a la conclusión ahora mismo de que Reina Sofía me gustó más que El Prado. No me odien por eso, es el surrealismo. Me tuve que rendir ante él. Fueron el modernismo, la tecnología, las esculturas extrañas, los cuadros sin sentido y Dalí. Siempre Dalí. Otro reencuentro. Es como ir a ver un grupo musical en vivo, no es lo mismo, te reafirmas o te despegas. Con Dalí pasó lo primero.

Pero también fueron Miró, Gris y, obviamente, Picasso, del que entendí muchas cosas, pero sobretodo la planeación. Fue Guernica y también fue El Gran Masturbador. Fue el cubismo y el pop. Fue la vanguardia. Fue El Gran Masturbador.


Lástima que no alcancé a Picasso.


Esa misma noche las calles se me hicieron cortas. Caminar, caminar, caminar,

caminar, caminar. Pero iba sonriendo como tonto. Sonrisa sincerísima.


La gente era mucha en los lugares lógicos, pero adentro de Madrid el ambiente se volvió más íntimo, el panorama se iba perfeccionando más y más para celebrar mis 11000.


Antes, Plaza Mayor y el frío nuevo.


El primer brindis fue en un bar atiborrado con piernas colgando cerca de la cantina y verduras en el techo. Un cuadro de ángeles y botellas vacías de cosechas terminadas. Faltó la Virgen.


No sé en qué momento, al pasar las copas, el lugar se vació. Respiré mirando al frente para saber qué más iba a pasar. Una cena excelsa y luego las escobas y los trapeadores nos corrieron. ¡Era tan temprano! Y "a pesar de todo", seguía sintiendo mis labios estirados. Qué gran sonrisa, y lo que iba a seguir...


"La Coqueta" abrió su cueva boca y Mahou me siguió arropando. Se me olvidó la corona, pero igual esa noche era el rey. Algo más ad hoc para mis gustos: humo de cigarro, taburetes chaparros, mesas diminutas y la cercanía de una excelente compañía, pósters y blues de fondo.




Y para las fotos, había que decir OR GAS MO!


¡Malditas semillas, me hicieron muy mal! Este año me debo quitar el hábito de comer botanas como loco. No mezclarlas con cerveza. Ni siquiera Mahou.


espáiderman decía salud!



Cuando salí a tomar el aire, la calle comenzó a gritarme en la cara que era un año más viejo. El graffiti hizo de velas y yo soplé. Luego volví como pude y bajé las escaleras para regresar a festejar. Kamisama guió mis pasos y me olvidé del casco que estuve a punto de meter en la maleta.
Si no fuera por él, hubiera tenido una muerte ideal, pero muerte al fin. Tan ideal como morir atropellado en Toledo. jajaja! Luego nos corrieron (de nuevo).


Ahí en lo morado, subimos para despedirnos de Madrid. Eso fue otro día.


La última parada fue tan perfecta que pareció planeada (¿lo fue?). Un after bastante en onda, con jovencitas de ojos gigantes, música latina y mucha juventud descarriada.


Sé que todo aquello que le balbuceé a La Intérprete fue bueno y de corazón, sólo que seguramente le costó trabajo armar el rompecabezas que emitía mi alcoholizada lengua. No sé cuántas veces habré dicho la palabra "gracias" y sus derivados pero siento que hoy, aún sobrio, no he terminado de decirla. ¿Qué música era? Sólo recuerdo que me gustaba. ¿Y el pasito de Rip Slyme? Creo que se me olvidó o no lo pude recordar, que no es lo mismo. Faltó que nos adueñáramos de la cabina para ponerla, incordiérase quien se incordiase. Pero sí lo hicimos, aunque fuera un intento, más adelante.


El tour fue perfecto, simplemente perfecto: un lugar para cenar rico, uno bohemio y azul, y un buen bailongo con ojos gigantes espiándome. No se puede pedir más.


Intérprete, que no te quede duda: fue el mejor día de envejecimiento de TODA mi vida.


Kuma, el árbol y yo nos hicimos amigos y no pienso olvidarlos. Aquí está frente a mí. Aún en miniatura seguiré rindiéndoles tributo.
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